Biotecnología, la frontera del conocimiento en la cuarta revolución industrial

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La esencia de esta era no es la automatización ni la mecanización sino la interconectividad y el procesamiento de grandes masas de información (Big Data) con eje en las ciencias de la vida.
La nueva revolución industrial es el proceso de informatización completa de la manufactura y los servicios realizada a través de la Inteligencia artificial (AI), la Internet de la Cosas (IoT) y la robotización.

Lo característico de la convergencia de estas tres tecnologías es que tienden a fusionarse no sólo entre sí, sino mediante la transformación y unificación cualitativa de lo físico, lo virtual y lo biológico: crean una nueva materia.

Esto otorga a la nueva revolución industrial –la cuarta en la historia del capitalismo- una naturaleza esencialmente distinta a las tres anteriores, que fueron realidades mecánicas, de tipo físico, y funcionamiento repetitivo, aunque crecientemente acelerado.

La esencia de la cuarta revolución industrial no es la automatización –como ocurría con la tercera, o la electrificación, como era propio de la segunda, o la mecanización, como fue el carácter fundante de la primera. Ahora, lo distintivo de la cuarta revolución industrial es la interconectividad, fundada en el dominio de inmensas masas de información (Big Data), que desatan en forma incesante nuevas actividades, que se convierten en oportunidades de negocios.

El biogenoma es la secuencia descifrada del núcleo de la vida, convertida en proyecto estratégico de construcción sistemática y deliberada de múltiples y novedosas actividades vitales.

La materia del biogenoma es la vida misma, en una tarea inmediatamente global, que constituye la punta de lanza de la biotecnología, que es la ingeniería genética, la creación consciente y programada de la vida. En el biogenoma la vida transforma la vida. La ingeniería genética torna posible lo imposible.

Por eso la biotecnología de avanzada, producto de la nueva materia física, virtual y biológica que la constituye, presenta desafíos tanto productivos (económicos y tecnológicos) como éticos, referidos al sentido y el significado de la vida humana.

De ahí que la biotecnología de la cuarta revolución industrial no crezca en forma lineal, meramente cuantitativa, sino que se expanda a través de saltos cualitativos, verdaderos espasmos absolutamente disruptivos a escala global. La biotecnología es la frontera del conocimiento en el siglo XXI.

Nada queda afuera de la nueva revolución industrial en esta etapa histórica, porque no es sólo ni primordialmente un fenómeno tecnológico, sino esencialmente virtual. En ella lo retrasado se integra a la vanguardia, y lo aislado desaparece.

Lo que ocupa su lugar son sistemas físicos, virtuales y biológicos de carácter cibernético, que se incorporan con un carácter constitutivo en las sociedades y también en los propios cuerpos humanos.

El ser humano, la humanidad misma, se transforma y se convierte en una realidad genética que fusiona lo real y lo virtual. Aparece una nueva humanidad más humana que la de antes, y la parte de fatalidad que integra su destino se reduce, y quizás, en algún momento, se termina.
 
Fuente: Clarin.com
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